Tomás Castaño
pintura realista, que aborda plasmando composiciones construidas, bien dibujadas
 
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salle peinture
España (Espagne) 




español
Tomás Castaño nace en Santander (España) en 1953. Desde muy joven demuestra una especial predisposición hacia el dibujo, pero hasta la edad de 17 años no toma los primeros pinceles. De formación autodidacta, se ha forjado a si mismo, a base de tesón y entusiasmo, decantándose por un estilo de pintura realista, que aborda plasmando composiciones construidas, bien dibujadas, preocupándose de la composición y el dibujo, controla la perspectiva y también las facultades que lo han llevado a alcanzar un estatus de paisajista caracterizado por su trabajo arquitectónico.
Su obra se caracteriza por un realismo sereno y poético, que traduce el deleite del artista en la plasmación de calles, edificios y fachadas con solera. Sus cuadros atrapan la magia de la estética de lo antiguo, y transmiten toda la calidez y humanización de los ambientes no transformados por la vida actual.
Ha mostrado su obra en exposiciones colectivas por varios países como Alemania, Holanda, Francia, Argentina, Japón, Italia y numerosas exposiciones individuales y colectivas en territorio español. Ha representado a Cantabria en la Bienal de Florencia en la edición 2005. Su obra es reconocida por el peculiar estilo y el ambiente que crea en el acabado de sus series de viejas tabernas.
Su obra figura en las colecciones de la Fundación Carriegos (León), Hotel Central de Santander, Ayuntamiento de Castro Urdiales, Ayunt. de Villanueva de Villaescusa, Sede Social de CC.OO. de Santander y otras colecciones privadas en España, Francia, Puerto Rico, EE.UU. y Costa Rica.
Obra en permanencia en Galeria Sharon-León, Galería Este-Santander, Espacio 36-Zamora, Rita Castellote- Madrid y Akros Gallery de Bilbao

english

Tomás Castaño was born in Santander (Spain) in 1953. since very young he demonstrates a special predisposition towards the drawing, but up to the age of 17 years he does not take the first paintbrushes. Of self-taught formation, he has been forged himself, based on tenacity and enthusiasm, being decanted by a style of realistic painting, which he approaches forming constructed, drawn well compositions, worrying about the composition and the drawing, he controls the perspective and also the powers that have led him to reaching landscape painter's status characterized by his architectural work.
He has showed hes work in collective exhibitions for several countries as Germany, Holland, France, Argentina, Japan, Italy and numerous individual and collective exhibitions in Spanish territory. He has represented to Cantabria in the Biennial one of Florence in the edition 2005. His work is admitted by the peculiar style and the environment that he creates in ended of his series of old taverns.

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critiques et commentaires

Diario de León
En los viejos pueblos y las antiguas ciudades hay calles con sabor, edificios que conservan en sus fachadas las huellas del paso del tiempo, y establecimientos que nos hablan del comercio tradicional y la artesanía. El cántabro Tomás Castaño, que es un emocionado amigo del realismo, es capaz de transmitir en sus lienzos toda la belleza de esas calles pletóricas de recuerdos, de esos edificios llenos de historia que resisten a morir, de aquellos comercios de antaño que nos hablan de un mundo sin prisas y de unas gentes que ni se imaginaban que llegaría la globalización.
Es Tomás Castaño pintor de anécdotas humanas, de hechos que quizá solo han existido en su imaginación, pero que están implícitos en sus cuadros. En ellos las calles, las tiendas, están vacías… como si el artista nos invitara a inventarnos la leyenda urbana a partir del escenario que él propone. Un ejercicio lleno de sensibilidad en el que el espectador no puede mantenerse al margen, debe participar, aportar sus propios recuerdos, inventarse los personajes que faltan para completar la comedia o la tragedia que sin duda se vivió en esos pintorescos lugares.

Marcelino Cuevas
crítico de Arte

Luces y tiempos de la ciudad
Tal vez no haya recuerdo más esencial que aquel que ni nos molestamos en olvidar y permanece como discreto escenario de nuestras pequeñas historias. Tomás Castaño llena sus exposiciones de fachadas de establecimientos cotidianos, aquéllos que forman parte indeleble de su memoria personal y de la memoria colectiva de todos los ciudadanos que necesitamos arraigar el pasado en lugares próximos y reconocibles. La vida del caminante gris bajo la lluvia de la ciudad norteña no está escrita en los grandes monumentos y las avenidas anchas, sino en los lugares cotidianos, en las tiendas, los cafés, las farmacias que revelan el devenir del tiempo.  El caminante es el comercio de esta plaza, del digno y callado trasiego de la vida cotidiana. Tomás Castaño debe de ser lector de las elucubraciones de la intrahistoria de Unamuno: son los trabajos discretos y sabios, anónimos y eficaces, los que mueven la historia y, desde luego, los que ponen nombre propio a cada existencia. Por eso Castaño recrea las arquitecturas perdidas en la miseria y la inmensa dignidad del paso del tiempo, los jardines olvidados en la humedad de la noche, las largas perspectivas de la ciudad tendida hacia el mar aliviada por la lluvia pertinaz. Su pintura, ya se ha dicho, es una pintura para conjurar el tiempo; pero no sólo para atraparlo en el lienzo, seguramente, sino para hacer que cada uno sienta que ese tiempo recreado por el artista se ha quedado por un instante retenido y, así, que cada cual se engañe maravillosamente pensando que es dueño de sus horas. Son las luces y los tiempos de la ciudad que, a menudo, la misma prisa urbana no nos deja reconocer: pasamos al lado de las últimas tiendas de ultramarinos, de la barbería, de los canalones enmohecidos, del enrejado oxidado y de un mercado de flores sin darnos cuenta de su bagaje de siglos y de su humilde persistencia. Con suma delicadeza el pintor nos conduce de nuevo a ese tiempo y a esas luces desapercibidas, al recio pórtico de luz del antiguo Hospital de San Rafael, a la Grúa de Piedra perfectamente integrada en el paisaje lluvioso, a los escaparates de los momentos retenidos, a los balcones donde tantas miradas se asomaron, a esas paredes que son míseras y nobles como el hidalgo del Lazarillo. Nosotros hemos sido míseros y nobles, capaces de las más increíbles empresas y prestos a la vez para la cobardía y el silencio, como esas paredes descascarilladas y humedecidas que han cobijado tantas vidas y han velado tantos sueños. Es mucho más que realismo lo que nos ofrece Tomás Castaño: pintura que no necesita ser explicada, es verdad, pero que precisa un ejercicio emocional por parte del espectador para ser disfrutada al máximo de su belleza. Allí, en el interior de aquel café, amor, en la penumbra vespertina, apoyados los brazos sobre una pequeña mesa del fondo del local, te dije tantas cosas que hoy quisiera recordar.

Mario Crespo López

Añoranzas de otro tiempo en el realismo de Tomás C
En Madrid se ofrece durante el mes de octubre una nueva exposición del pintor Tomas Castaño, cuya trayectoria viene trazándose dentro de una figuración realista que pudiera encontrar sus raíces en la escuela Nuevo Realismo Madrileño iniciada en los sesenta por el maestro Antonio López. Los lienzos en formato medio de Tomás Castaño se centran en el tema de las fachadas, un motivo en el que artistas de aquella escuela como Amalia Ávia, han sido y son auténticas celebridades.
Esta porción de paisaje urbano típicamente madrileño, viene a ser el eje articulador de una obra donde el artista busca y encuentra el sabor de lo añejo en las entradas a antiguos colmados, cafés, boticas y tabernas, para retratar los pintoresco de aquellas bellas fachadas en madera pintada en cuyos rótulos  Restaurante Sobrino de Botín, Bodegas Ardosa, El Oso y el Madroño, Fontanero Vidriero Cuellas…, encontramos las viejas costumbres y oficios de ese viejo Madrid decimonónico aún palpable en barrios tan castizos como Lavapiés, Chueca...Los cuadros de Tomás Castaño son breves retazos del tiempo pasado, un recuerdo a las tertulias de café teñido de cierta melancolía.
Como las fotografías antiguas, enriquecidas aquí por la pátina de vetustez tan bien plasmada en los colores de su paleta, los cuadros de Tomás Castaño se recrean en el detalle, invitándonos a descubrir  cada reflejo del escaparate, cada peculiaridad del establecimiento, cada anécdota callejera en forma de huella palpable que hace de la imagen un lugar vivido, una realidad tan singular como conocida y reconocible.
Esa es la gracia de esta pintura, el arte de transmitir mediante lo pequeño y lo fragmentario de un lugar mucho más de lo que aparece en las imágenes, convirtiendo cada rasgo de ese “paisaje” en toda una historia, una leyenda que se extiende más allá de lo representado.

El Punto de las Artes
06.10.2006